
Señoras y señores, hoy voy a recomendarles un lugar increíble que tuve el gusto de conocer anoche. Alrededor de las 20 horas, tomé el 116 rumbo a la aduana y después de 25 minutos de viaje descendí del transporte en una de las plataformas de la Plaza Independencia. Me dirigí con celeridad (puesto que estaba ya sobre la hora convenida) a la puerta del teatro Solís. A los pocos segundos de cruzar la entrada, se acercó una señorita sumamente agradable que me indicó con rapidez y cortesía un lugar vacío donde pude ubicarme. El tema del día era la cocina rioplatense y la cena no se hizo esperar. La entrada fue poco menos que sublime. Una serie de 8 bocadillos de tango, que mezclaban diferentes sabores, desde la picardía de una “Garufa” hasta un “Melancólico”, o un tristísimo “Adiós Nonino”, pasando también por ese sabor familiar de un “Cambalache” y por una nacionalista “Cumparsita”, todo acompañado del lamento de una “Vieja Viola”. La sorpresa fue aun mayor cuando esta entrada vino servida por un conjunto de chicos y chicas que parecían deslizarse en el aire, con movimientos tan llenos de gracia y gusto que lograban estremecer, sobretodo una de ellas, una rubia sencillamente para enamorarse. La entrada además de muy bien servida estuvo del mismo modo bien regada con el potente gorjeo de un miembro del staff del lugar.
Luego de devorar este primer plato con una velocidad que rozaba la desesperación, llegó el segundo. Un lomo de Candombe For Export, que como no pudo ser de otra manera, vino servido de la mano de tres morochos sumamente simpáticos que recorriendo cada una de las mesas el ritmo del borocotó, hacieron las delicias del público que no dudó en acompañarlos con sus palmas al ritmo de la característica clave.
Ya hacia el final de la velada, llegó el postre, que resulto tan glorioso o más que el resto de la cena. Un sorbete orquestal de chocolate Rada, que empezaba suave, tranquilo, pero que tenía tantas calorías que fue subiendo la temperatura del lugar de manera insospechada, hasta terminar en una explosión de sabores y sonidos. El sorbete llegó acompañado de una salsa de batería de Contrafarsa y un crocante de Reina de la Teja, la combinación perfecta que resultó ser el broche de oro tanto para el plato como para la noche. Todo el público presente no dudó en ovacionar de pie a los más de cien cocineros, al chef Vigil y por supuesto a cada uno de los platos de la noche. Sinceramente no se puede más que recomendar de forma absoluta este lugar, del que no se si saldrán con la panza llena, pero seguro lo harán con el corazón contento. Definitivamente, toda una cena para el espíritu.
Señoras y señores, Mp3 . Montevideo por tres con tango, candombe y murga. Sin duda una cita ineludible, en un lugar siempre disfrutable.
En el teatro Solís del 6 al 23 de febrero. La recomendación está hecha. El consumo mínimo por persona es de 200 pesos, incluye cubiertos, pero no incluye bebida.
(inspirado en un personaje de Diego Ripol)
1 comentario:
Ja, buenísimo. Parecé que lo hubiera escrito un veterano hace 50 años (alguna vez te dije que tenés un viejo adentro que grita?) Por lo menos en esta entrada no te quejaste ni un poquito. Besos.
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