viernes, abril 25, 2008

Una suerte de homenaje...

A la gente se le ha dado por tener hijos, casarse o morir. Tener hijos o morir es perfectamente entendible porque tiene que ver con nuestra naturaleza. Nacimiento y muerte. No creo que existan dos conceptos más antagónicos, aunque esto puede dar lugar a largas discusiones y algún hábil teórico de la fe podría llegar a convencernos de que en realidad son la misma cosa. Yo sigo creyendo en su antagonismo porque me parece más lógico que dos cosas que se encuentran en extremos opuestos, sean opuestas entre sí. Hasta el idioma, al menos el español, quizá por pura casualidad, confirma esta teoría asignando a “el nacimiento” un genero masculino y a “la muerte” un género femenino, que a simple vista parecen opuestos. Si lo son o no es otra discusión, pero resulta bastante significativo que los creadores de nuestra lengua, hayan dotado al momento más importante y feliz de la existencia con género masculino, y al (en teoría) más triste con género femenino. Es aquí donde volvemos al principio, al matrimonio, otra de las cosas que a la gente se le está dando por hacer, y que está relacionado con los conceptos antes citados, por estar más cerca de uno u otro según a quien se le pregunte. De todas formas no es algo que importe, tratándose de simples observaciones.
Volvamos al principio. La muerte es la única certeza en un mundo de incertidumbres. Es lo único en nuestras vidas que sabemos que va a pasar más allá de lo que hagamos. Eso es, en realidad, lo que para muchos la hace terrible. La vida entera es un cúmulo de reacciones que responden a acciones, la máxima expresión del libre albedrío y del “yo construyo mi propio destino”, salvo por la muerte. Sin duda no estamos hechos para saber con total certeza qué va a pasar mañana, dónde vamos a estar, con quién, haciendo qué. Esa es la parte divertida de vivir, porque por más que planifiquemos nuestra existencia, nunca tendremos total seguridad de lo qué ocurrirá, por ejemplo, cuando termine de escribir estas líneas, pero lo que sí sabemos es que un día nos vamos a morir. Esa certeza va en contra de nuestra naturaleza y es por eso que intentamos por todos los medios convertirla en incertidumbre. Qué pasa después, qué hay luego de la muerte, existe un Dios, un paraíso, un infierno… Esa es la verdadera contribución de la fe y la religión a nuestras vidas. Crear esa duda que nos permita vivir sin pensar “para qué si igual me voy a morir”. Claro, esta explicación funciona muy bien porque las personas tendemos a visualizar el fin sin prestar atención al recorrido. “Quiero llegar a esto, no me importa cómo ni lo que tenga que hacer. Simplemente quiero llegar a ese fin y me dijeron que para triunfar en la vida debía mantener siempre el foco en el lugar al que quiero llegar”. Aunque lo parezca, esto no es nada nuevo.
Por otro lado, también existe otro tipo de personas, que quizá no tengan el fin tan claro o sencillamente ni lo tengan, pero que se interesan más en el recorrido. A este tipo de personas no les interesa tanto la muerte, no es algo que les quite el sueño, porque para ellos vivir no se trata de sentarse a esperar el fin, sino de hacer, construir, compartir y eso es lo que dejan cuando se van. Este tipo de personas uno las identifica de los otros aunque apenas las conozca o las haya visto un puñado de veces.
Es verdad, no está bueno cuando alguien deja de estar de un día para el otro, pero es así. Simplemente es así y hay que recordarlos como vivieron. No puedo decir que se lo que se siente, quizá lo sepa pero no se si es así. Soy uno de esos extraños casos de una persona de 29 años que aun no ha “perdido” a alguien realmente importante en su vida. De todas formas, no hay que ser muy sensible para reconocer la pena y el dolor en los ojos de quienes sí han perdido a alguien, o imaginar cómo se siente su ausencia al día siguiente.
A pesar de todo esto quiero quitarle trascendencia a la muerte, porque cuanto más protagonismo tenga ella, menos quedará para la vida. Si tiene sentido vivir sabiendo que todo termina en la muerte, si tiene sentido construir, hacer, querer, sabiendo que de un día para el otro todo eso desaparece, eso no lo se. Pregúntenselo a un creyente. Lo único que se es que algo de esa persona que se va, queda y está bueno recordarla como alguien que estuvo y no como alguien que se fue. El día de mi muerte sólo quiero que se me cumplan dos deseos. El primero es no sobrevivir a mis hijos y el segundo es que muchos tiempo después de ese día, puedan encontrarse dos personas a las que realmente quise y decirse uno al otro:
- Ayer hicieron 5 años desde que murió xxx
A lo que el otro contestaría
- ¿ Y a mi qué me importa eso? Mañana hace 20 años que lo conocí.

El lector levanta la vista, mira a los oyentes, todos esbozan una leve sonrisa. Puntos suspensivos.

martes, abril 01, 2008

Calentamiento global, pero iluminado.

No pienso volver a prender las luces del auto durante el día. Si tienen que multar que multen, pero no pienso volver a hacerlo, sobretodo después de haberme quedado sin batería tres veces en un mes, por haber olvidado apagarlas. No pienso prenderlas y me reservo el derecho de pasarle por arriba al oficial de tránsito que me quiera multar por ello. A medidas estúpidas, respuestas estúpidas.
Me dirán que se soluciona fácil y que sólo debo llevar el auto al mecánico para que me instale algún sistema de apagado automático o me arregle la chicharra que hoy, me avisa sólo cuando ella quiere. Pero ¿por qué tengo que hacerlo? No tengo ganas, ni tiempo, ni dinero para invertir en una iniciativa tan absurda. Además, ¿De dónde sacamos esto? Porque si es del “primer mundo” al que tanto miran los que promueven estas cosas, debo avisar que en ese primer mundo, te encontrás con carteles avisándote que apagues las luces durante el día al salir de un túnel en las autopistas.
Pero en realidad, eso no es lo que más me preocupa en este momento, quizá porque no me acabo de quedar sin batería. Lo que me preocupa es otro tema: En un momento en el que todos hablamos de calentamiento global, de contaminación, de que todos podemos hacer nuestro aporte para que todo cambie, a algunos se les ocurre que todos los vehículos deben circular con las luces prendidas. Se preguntarán qué tiene que ver una cosa con la otra. Hace un par de días se me ocurrió la idea de que esto (lo de las luces) podría aumentar el consumo de un motor, pero como no se nada de mecánica, llevé esta inquietud a un mecánico. La respuesta fue clara y concisa. “ Las luces consumen energía. En un automóvil esta energía la produce el Alternador, que funciona con el motor, restando al mismo caballos de potencia y haciendo que consuma más combustible.” Claro, según me explicó este mismo mecánico, el consumo extra es muy poco por vehículo. Lo que me lleva a pensar en que el consumo de una lámpara que yo solo dejo prendida en mi casa día y noche, es también muy poco. Si yo solo tiro un papel a la vía pública también ensucio muy poco porque es sólo uno. O si se me ocurre prender fuego las hojas secas en otoño tampoco pasa nada, porque soy yo solo. Y en una de esas se me puede ocurrir comprar plutonio a los iraníes y armar una bomba atómica para detonarla en el centro de Montevideo, pero no pasaría nada porque es una sola.
Creo que está de más preguntar cuantos litros extra de combustible consumo yo solo al tener las luces prendidas y cuanto es eso multiplicado por cada vehículo del Uruguay, multiplicado por las horas de circulación, por los 365 días del año. La otra pregunta es si yo soy superdotado o si la gente que toma estas decisiones es idiota y no le es posible llegar a la conclusión que yo pude llegar. Por si quedó alguna duda, yo no soy superdotado. Y como si las incongruencias en estos temas fueran pocas, ahora el gobierno va a grabar más fuertemente los electrodomésticos de alto consumo energético, para que población no los consuma o consuma los que gastan menos energía. Osea que por un lado intento educar a la gente en el consumo responsable de la energía y por otro los OBLIGO a consumir más combustible. Creo que alguien me está tomando el pelo y lo peor de todo es que se debe estar divirtiendo mucho.
En conclusión y para no aburrir: Si la suma de tantas “pequeñas” malas acciones pudieron y pueden generar tanto daño al planeta, ¿cuánto bien pueden generar la suma de muchas “pequeñas” buenas acciones?
Y para que no piensen que al final de cuentas no aporto nada a la solución del problema de los accidentes de tránsito, aquí va mi aporte:
Multas más fuertes, pero mucho más fuertes.
Oficiales de tránsito bien pagos que no se vean “tentados” a aceptar sobornos. Inmediata remoción del cargo de un oficial que acepta sobornos. Quita de libreta de conducir, a conductores con alcoholemia positiva.
Requisa del vehículo en caso de reincidencias múltiples.
Impedir que circulen vehículos que incumplen todas las normas de seguridad habidas y por haber, pero que los oficiales de tránsito no paran porque no pueden sacarle una coima.
Creo que con algunas de estas medidas la cosa mejoraría más que con las luces prendidas, pero claro ¿quién se la juega? En definitiva, parece que salvar vidas, es lo que menos interesa cuando se piensa en las medidas a tomar.