Bicho jodido la cucaracha voladora. Porque no es lo mismo una cucaracha común que una voladora. Fijate que las tipas evolucionaron para poder volar, pero como que no llegaron a evolucionar lo suficiente como para controlar ese vuelo y entonces, las ves volando medio torpemente sin rumbo fijo hasta que se dan contra una pared y caen al piso haciendo ruido, y molestando cuando uno está tranquilamente tirado en el sillón viendo en la tele algún programa que, aunque no sea muy interesante es más divertido que escuchar el ruido de una cucaracha voladora estrellandose contra la pared y cayendo al piso.
Debo confesarles, y a eso viene el tema de la cucaracha, que el otro día fui atacado por uno de estos bichos alados, no salados sino alados, aunque esta estaba media salada porque era más grande que la media de las cucarachas voladoras. No saben…fue horrible…
Pasó que el otro día estaba en la situación que describí anteriormente, es decir, tirado en el sillón viendo tele cuando entro uno de estos bichos por la ventana. En realidad no se si entró por la ventana o ya estaba ahí. Yo estaba en la casa de mi viejo y lo primero que hago siempre cuando llego a ese lugar es abrir la ventana. El hecho de que eso sea lo primero que hago cuando llego, obedece a un trauma que tengo desde la niñez… cuando llego a un lugar donde hace calor y están las ventanas cerradas, como que tengo que abrir alguna… ta… claro… a los señores no les parece que eso sea muy traumático… porque nunca intentaron abrir la ventana en un omnibus de Cot con el aire acondicionado roto… están pegadas las hijas de puta…
El tema es que abrí la ventana, me tiré plácidamente a ver tele y al rato empiezo a escuchar ese “plac, plac” contra la pared. Enseguida me di cuenta de qué se trataba, porque no es la premera vez que me pasa eso en ese lugar. No es que la casa de mi viejo tenga una suerte de propensión a la cucaracha voladora, y no queda bien insinuar que en su casa hay cucarahas, por eso atribuyo su presencia a la apertura de la ventana, que como dije antes, es lo primero que hago cada vez que llego.
Y bueno… es en ese momento cuando, chancla en mano, empieza la captura de la cucaracha. Toda persona que se haya enfrentado alguna vez a este tipo de criaturas, sabe que se trata de un insecto bastante escurridizo y más aun si son voladoras. Además, pasa que las guachas, cuando le tirás el sablazo y le errás, salen volando y te hacen frente. Como que te enciman las muy conchudas y ahí es cuando empezás a sacudir la chancla de un lado a otro tratando de alejarla. Por supuesto que nunca le pegás y eso incrementa la desesperación, porque cada vez la tenés más cerca, hasta que se tira al piso y empieza a correr. Porque estos bichos no aterrizan; es más bien como que van volando y en determinado punto se dejan caer y hacen “plac” contra el piso. Eso es algo que te desconcierta porque no sabés si está viva o muerta… es como que le viene un ataque cadíaco en pleno vuelo y caen secas al piso. Ahí dudás y pensás “¿le habré dado?”. Claro… el bicho aprovecha ese segundo de duda en el que te quedás quieto mirándola, para emprender la huida, ahora por tierra.
La parte más jodida es, como dije, cuando te hacen frente y te enciman. Porque si la cucaracha es un bicho bastante asqueroso caminando, imaginate volando. Sobretodo porque cuando vuela, como que desplega partes del cuerpo que no es común ver y que no son muy agradables, algo así como sentarte en esos asientos del omnibus que están como chanfleados, en los que quedás enfrentado a la persona que se sienta en el de adelante, y la que se sienta justo, en ves de ser una muchacha bonita, es una vieja de unos setenta años, con el batón, bastante pasada de peso, en condiciones higienicas dudosas y que además, se sienta con las piernas abiertas dejando entrever algo oscuro ahí en el fondo. La cosa que estas tipas, (las cucarachas, no la vieja) abren las alas y como que meten la parte del culo para adelante haciendo equilibrio y van volando como dobladas y haciendo de su cuerpo una suerte de C, todo eso mientras te guapean como diciendo “¿qué hacés con esa chancla en la mano? ¿querés que te rompa todo, eso querés? ¡mirá que te rompo todo!”. Todo eso dicen…
En realidad la situación de inferioridad es más que evidente. Fijate: una cucaracha contra un tipo que corre por el lugar con una chancleta en la mano intentando por todos los medios no hacer contacto físico con ella. Está claro… gana la cucaracha.
Bueno….no… por lo general la cucaracha termina aplastada, a menos que tenga la chispa suficiente para escapar a tiempo por la ventana que entró, si es que había entrado por ahí y no estaba ya en el lugar y no es que este insinuando que la casa de mi viejo tiene cucarachas etc, etc, etc. La cosa es que en un momento dado, el bicho como que baja la guardia y se resigna a su destino fatal, porque sabe que aunque pueda resistir la radiación nuclear y su raza sea la única que va a quedar cuando no quede ninguna otra, no puede contra el poder de una chancleta y menos en las manos expertas de quien escribe, es decir yo.
Aparte, que lo parió… que bicho vivo…¿no? Porque resulta que uno descarga toda su ira dandole de chancletasos hasta que parece que murió, pero si la dejás ahí, al rato la vas a ver y te das cuenta que se está moviendo y haciendo como para darse vuelta para rajar, porque otro tema es que siempre mueren patas para arriva, porque en realidad tampoco es que mueran.. no señores…no se engañen… se hacen las muertas las muy cabronas y cuando uno se descuida, zas… rajó… por eso no hay que escatimar en el chancletazo y hay que darle como si nuestra propia vida dependiera de eso. ¿Hasta cuando? Y… no se… un buen límite es cuando les sale el juguito… ahí creo que ya está.