viernes, abril 16, 2010
jueves, abril 15, 2010
jueves, febrero 05, 2009
Detengan ese asesinato
“Detengan ese asesinato” proclamó el ministro de salud del Vaticano hace unos días, en relación a la interrupción de la alimentación artificial a una mujer italiana que lleva más de 17 años en estado vegetativo. Al parecer para la iglesia, dejar de alimentar artificialmente a un ser humano que lleva prácticamente muerto 17 años es un asesinato brutal, porque “la Iglesia defiende la vida y su posición no cambia por un veredicto judicial”, sin embargo hay miles de vidas que se pierden por día sin razón, vidas que hay posibilidad de salvar pero la “iglesia” no hace nada para evitarlo, sencillamente porque no son casos que reciban cobertura mediática y nadie podría decir: “qué bien lo que hizo la iglesia”, más allá de que eso cuesta dinero y esfuerzo, dos cosas que nadie está dispuesto a invertir si no es en beneficio propio. Es verdad que la forma de dejar morir a esta persona quizá no sea la más adecuada. Después de que su familia pidiera que la desconectaran, la justicia italiana decidió disminuir su alimentación progresivamente hasta su muerte. Resulta un poco cruel, teniendo en cuenta que podrían provocar su “muerte” en unos segundos y evitar semanas de proceso. Es justamente el probable sufrimiento al que se vea sometida a Eluana durante las semanas que durará este proceso (si es que puede sentirlo) en el que se basa la discusión científica y ética acerca del caso. O sea, que se discute si está bien dejar morir a una “persona” con muerte cerebral de hambre, pero nadie discute si está bien dejar morir miles de personas por día por esta misma causa. Pero como decía, esas otras miles de personas no se ven en directo por TV y a pocos les interesa su muerte. El razonamiento de la iglesia es similar al que hacen acerca del aborto. Es un ser humano, está vivo, aunque (como en este caso) siga vivo gracias a estar conectado a un montón de cables y sondas y no tenga posibilidad de recuperación. Ahora, intentando razonar como esta gente, se me ocurre que Eluana debió morir en el momento en que quedó en el estado en que se encuentra hoy en día, hace 17 años. Esa era la voluntad “divina”, de otra forma no estaría en ese estado, pero sigue viva gracias a la intervención del hombre, que según esta lógica, es contraria a la voluntad “divina”. La conclusión es que la ley “divina” es tan incongruente como la ley de los hombre y recibe diferentes interpretaciones según la conveniencia de los interesados, en este caso, de la iglesia. La lógica del “si te portás mal te vas al infierno” funciona al punto de que el propio Berlusconi está evaluando impedir el acto médico mediante un decreto y hasta se está discutiendo en el parlamento italiano esta cuestión, que en realidad no tiene nada que ver con Eluana sino con hacerle o no caso a la iglesia en un país como Italia, en el que la iglesia católica como corporación tiene el poder de poner y quitar presidentes. Bien harían los parlamentos y los políticos en discutir cuestiones como la igualdad social o cómo lograr que sus pueblos accedan a las necesidades básicas y tengan los derechos que proclaman sus constituciones pero que ningún estado en el mundo garantiza. “Si te portás mal vas al infierno” y bajo esa misma lógica, quien hubiera matado a un Hitler, a un Stalin, a un Bush, antes de que estos mataran a millones de personas, hubiera ido al infierno y ardería por toda la eternidad. Habría salvado a millones, con lo cual la iglesia estaría de acuerdo porque “defiende la vida”, pero habría matado a uno. Muchos podrían decir que no les importaría arder eternamente en pos de un bien común (posición que la iglesia jamás adoptaría porque sólo piensa en el beneficio propio). Para esos casos se inventó el libre albedrío, que (al menos en la versión teológica) no es más que una gran falacia. Se supone que tenemos la posibilidad de elegir, de tomar nuestras propias decisiones, sean correctas o incorrectas pero, cuidado con lo que eliges, porque una decisión errónea te puede llevar a nadar en ríos de fuego hasta el fin de los días, todo esto sin contemplar un razonamiento Determinista, puesto que todo lo que hagamos hoy es consecuencia de cuestiones anteriores, en este caso una vida de lavado cerebral por parte de las instituciones que dicen qué se debe hacer y qué no.
Quisiera dejar mi posición clara acerca de este tema. Creo que matar a alguien siempre está mal, aunque haya personas que lo merezcan, de la misma forma que está mal matar a un animal sólo para sacarle la piel, o de la misma forma que está mal dejar morir miles de personas de hambre por día porque no son útiles al sistema o porque no consumen, porque eso también es matar desde el momento en que se puede impedir su muerte. La eutanasia no es asesinato, sino misericordia y quisiera tener la posibilidad de optar por ella de ser necesario.
viernes, enero 16, 2009
...
Todos los hombres nacemos libres, pero poco queda de esa libertad al llegar a nuestra adultez. Nuestro nacimiento marca también el inicio de una relación de pseudo-dependencia con un sistema que se va encargando poco a poco de desangrar nuestro espíritu alimentándose de nuestros sueños, nuestro esfuerzo, nuestra alma. Se trata de una relación parasitaria en la que el huésped es, no sólo la carne sino también nuestra esencia. Esta relación enfermiza, se basa en la creencia errónea de que necesitamos un montón de cosas para vivir, necesitamos un trabajo, un estado que nos controle y nos diga qué hacer, necesitamos dinero para obtener cosas que nos harán felices y necesitamos gente que organice nuestras vidas para que así, todos seamos personas de provecho. Visto desde los ojos de esta organización, aquel que se recluye en medio de la nada y vive de lo que la naturaleza le provee es un vago, un egoísta, puesto que vive para sí mismo, no compra los productos que la sociedad de consumo fabricó para él y sobretodo, no realiza transacciones monetarias. Esta persona se esfuerza en obtener de forma directa alimento y abrigo, sin intermediarios, sin fabricar electrodomésticos para el primer mundo para obtener un sueldo que a duras penas le proporcionará alimento. No, lo recoge él mismo, de la tierra a su plato. De esta misma forma funcionan comunidades enteras y la pregunta en este punto es obvia: por qué no es posible extrapolar este modelo al planeta entero.
Basta con hacer el ejercicio de preguntarle a un par de personas adultas en qué consiste un día típico de su vida y nos dirán que su rutina consiste en ir del trabajo a su casa y de su casa al trabajo, día tras día, mes tras mes, año tras año, todo para poder comprarse cosas, irse una semana de vacaciones a algún sitio y llegar a la vejez con una jubilación pésima. Por supuesto que todos cuentan con algo de tiempo libre y diversión, cada vez menos seguramente porque “hay que pagar las cuentas”, sin embargo, ese preciado tiempo libre por el que trabaja todo el día, lo dedica a perderse dentro de una pantalla de televisión o su equivalente, buscando desconectarse, no pensar, olvidarse, porque es lógico, “bastantes problemas tengo como para todavía tener que pensar, cuando estoy sentado seguro en mi sillón, frente al televisor… y si trabajo todo el día, es para tener este momento de tranquilidad”. La pregunta que todos deberían hacerse es por qué trabajamos. O mejor dicho, si los frutos de nuestro trabajo tienen que ver con mejorar nuestra calidad de vida. Evidentemente no es así, si no quienes más trabajan deberían ser los que mejor viven. Hay que realizar una simple operación matemática para darse cuenta que, de todo el dinero que ganamos y gastamos, sólo una pequeña parte va a parar a artículos básicos para nuestra supervivencia, para las cosas que realmente necesitamos. Una vez escuché decir a un conocido político uruguayo que “para ser libres, hay que viajar ligeros de equipaje” ; no se si esa reflexión es de su autoría o no, y aunque con ella intentaba justificar un aumento de precios al consumo, ilustra bastante bien mi punto. Se puede pasar o perder una vida entera dedicándose a acumular riquezas, o mejor dicho, trabajando y esforzándose por ellas, y morir sin haber hecho una sola cosa de provecho. Qué es “algo de provecho” por supuesto que es muy relativo, pero un buen termómetro es que ese “algo” nos satisfaga en cierta medida, más allá de lo superficial. Hoy en día contamos con una ventaja enorme con respecto a nuestros antepasados. Contamos con la tecnología y los recursos necesarios para no tener que dedicarnos a otra cosa que la “contemplación”, a hacer las cosas que realmente queremos y que nos hacen bien. Contamos con los recursos para que ni una sola persona más pase hambre en el mundo, para que ni un solo niño más muera enfermo por falta de atención, para que ni una persona más sea esclavizada en beneficio de unos pocos. Si las personas correctas dijeran hoy “no estoy dispuesto a ver a una sola persona más morir de hambre en el mundo”, mañana podría estar solucionado el problema, pero ese problema no se va a solucionar mientras sigamos siendo títeres de un sistema monetario que destruye a muchos para enriquecer a unos pocos. Hacia el año 1892, Kropotkin ya planteaba esta posibilidad en las primeras líneas de “La conquista del pan” :
"La humanidad ha caminado gran trecho desde aquellas remotas edades durante las cuales el hombre vivía de los azares de la caza y no dejaba a sus hijos más herencia que un refugio bajo las penas, pobres instrumentos de sílex y la naturaleza, contra la que tenían que luchar para seguir su mezquina existencia.
Sin embargo, en ese confuso período de miles y miles de años, el género humano acumuló inauditos tesoros. Roturó el suelo, desecó los pantanos, hizo trochas en los bosques, abrió caminos; edificó, inventó, observó, pensó; creó instrumentos complicados, arrancó sus secretos a la naturaleza, domó el vapor, tanto que, al nacer, el hijo del hombre civilizado encuentra hoy a su servicio un capital inmenso, acumulado por sus predecesores. Y ese capital le permite obtener riquezas que superan a los ensueños de los orientales en sus cuentos de Las mil y una noches.
Aún son más pasmosos los prodigios realizados en la industria. Con esos seres inteligentes que se llaman máquinas modernas, cien hombres fabrican con qué vestir a diez mil hombres durante dos años. En las minas de carbón bien organizadas, cien hombres extraen cada año combustible para que se calienten diez mil familias en un clima riguroso. Y si en la industria, en la agricultura y en el conjunto de nuestra organización social sólo aprovecha a un pequeñísimo número la labor de nuestros antepasados, no es menos cierto que la humanidad entera podría gozar una existencia de riqueza y de lujo sin más que con los siervos de hierro y de acero que posee. Somos ricos, muchísimo más de lo que creemos. Ricos por lo que poseemos ya; aún más ricos por lo que podemos conseguir con los instrumentos actuales; infinitamente más ricos por lo que pudiéramos obtener de nuestro suelo, de nuestra ciencia y de nuestra habilidad técnica, si se aplicasen a procurar el bienestar de todos.
Somos ricos en las sociedades civilizadas. ¿Por qué hay, pues, esa miseria en torno nuestro? ¿Por qué ese trabajo penoso y embrutecedor de las masas, ¿Por qué esa inseguridad del mañana (hasta para el trabajador mejor retribuido) en medio de las riquezas heredadas del ayer y a pesar de los poderosos medios de producción que darían a todos el bienestar a cambio de algunas horas de trabajo cotidiano?"
Si estas cuestiones podían plantearse hace más de cien años, cuánto más posible es hoy. ¿En qué mejoramos desde el momento en que se escribieron esas palabras? Sin duda las posibilidades técnicas son aún mejores hoy en día, pero de todas formas seguimos presos de una maquinaria despiadada que nos usa para luego simplemente descartarnos, y hay que admitir que el "bienestar de todos" está cada día más lejos porque, desgraciadamente, el bienestar de todos no es lucrativo. Todos tenemos derechos siempre y cuando podamos pagarlos. Hoy existen en el mundo más esclavos que en las épocas en las que estaba bien visto tener personas atadas con grilletes trabajando los campos de algodón. Hoy en día mueren decenas de miles de personas de hambre al día, cuando un país de primer mundo como EEUU, con el 5% de la población del planeta, consume más del 30 % de los recursos del mismo, generando por supuesto, más del 30 % de los desperdicios gracias a que, del otro lado del mundo, existen esclavos de 12 años fabricando sus championes que no necesitan, sus pantalones de marca que no necesitan y su tecnología barata que será obsoleta en un par de meses y por supuesto tampoco necesitan, pero que estarán dispuestos a pagar porque para eso trabajan, para eso hipotecaron su alma a cambio de las comodidades y la seguridad que la sociedad moderna les ofrece, sociedad que no dudará en darles una patada el día que ya no puedan seguir consumiendo. Las comodidades de la vida moderna no son más que un camuflaje de su verdadero propósito; y ese proposito es mantener activa una maquinaria productiva que enriquece a algunos pocos. No necesitamos todas esas cosas; no necesitamos más mentiras, no necesitamos un programa de televisión que nos entretenga, o que nos diga qué debemos pensar, o como debemos sentirnos, o que nos muestre la discusión entre dos políticos, como una noticia que debería importarnos. Henry Thoreau decía hace más de 150 años, “Si tengo que ser un camino, prefiero serlo por torrentes, por arroyos del Parnaso que por alcantarillas de ciudad. Existe la inspiración, ese chismorreo que llega al oído de la mente atenta desde los patios celestiales. Existe otra revelación profana y caduca, la de las tabernas y la comisaría de policía. El mismo oído es capaz de captar ambas comunicaciones. El criterio del que escucha es el que debe determinar cuál oír y cuál no”.
Thoreau decía también algo parecido a esto: La diferencia entre nosotros y nuestro interlocutor, es que él leyó el diario o vio las noticias antes que nosotros. Quiere decir que ya nadie habla de lo que realmente importa. Nuestras conversaciones tienen que ver con lo que pasó, con el clima, y particularmente me asombra cuánto tienen que ver con el pasado. No hay lugar para lo esencial, para lo que realmente sentimos, no se habla del futuro porque prácticamente nadie cree en él. Nuestras conversaciones no son más que simples intercambios de noticias que nada tienen que ver con nosotros y con nuestras realidades. Noticias que muchas veces no tienen nada de verdad, que buscan simplemente mantener nuestras mentes cautiva alejándolas de lo importante. Afortunadamente la verdad es como un tronco en el agua y tiende a flotar siempre a la superficie, sin importar cuánto traten de hundirlo.
“Cuando preferimos la cultura a las patatas y el entendimiento a las ciruelas, entonces los grandes recursos del mundo se extraen y el resultado o la producción básica no son esclavos ni obreros sino hombres: esos escasos frutos que llamamos héroes, santos, poetas, filósofos y redentores.
En resumen, al igual que se forman los ventisqueros cuando cesa el viento, así mismo cuando cesa la verdad surge una institución. Pero la verdad sigue soplando por las alturas y al final acaba por destruirla.”(Henry D. Thoreau, Una vida sin principios)
No deberíamos esperar soluciones o respuestas de otras personas. No vamos a obtenerlas ni de lo políticos, ni de los empresarios, ni de la religión. Las soluciones y las respuestas están en todos nosotros, no importa cuál sea el problema o cuál sea la pregunta. No hay necesidad de preguntarle a nadie qué debemos hacer. Sólo hay que dar el primer paso y un buen primer paso es creer que no somos esclavos de nadie, apagar el televisor, abrir la mente y el corazón, no tomar por cierto nada que no podamos comprobar por nosotros mismos y ser conscientes de que somos dueños de nuestras vidas y que nuestra existencia vale tanto como la de todo lo que nos rodea. Y si en algún momento nos vemos perdidos y necesitamos alguien a quien escuchar, escuchemos a aquellos que lograron recuperar parte de la libertad con la que nacieron, escuchemos a los niños, escuchemos a la naturaleza y aprendamos de ella…
Basta con hacer el ejercicio de preguntarle a un par de personas adultas en qué consiste un día típico de su vida y nos dirán que su rutina consiste en ir del trabajo a su casa y de su casa al trabajo, día tras día, mes tras mes, año tras año, todo para poder comprarse cosas, irse una semana de vacaciones a algún sitio y llegar a la vejez con una jubilación pésima. Por supuesto que todos cuentan con algo de tiempo libre y diversión, cada vez menos seguramente porque “hay que pagar las cuentas”, sin embargo, ese preciado tiempo libre por el que trabaja todo el día, lo dedica a perderse dentro de una pantalla de televisión o su equivalente, buscando desconectarse, no pensar, olvidarse, porque es lógico, “bastantes problemas tengo como para todavía tener que pensar, cuando estoy sentado seguro en mi sillón, frente al televisor… y si trabajo todo el día, es para tener este momento de tranquilidad”. La pregunta que todos deberían hacerse es por qué trabajamos. O mejor dicho, si los frutos de nuestro trabajo tienen que ver con mejorar nuestra calidad de vida. Evidentemente no es así, si no quienes más trabajan deberían ser los que mejor viven. Hay que realizar una simple operación matemática para darse cuenta que, de todo el dinero que ganamos y gastamos, sólo una pequeña parte va a parar a artículos básicos para nuestra supervivencia, para las cosas que realmente necesitamos. Una vez escuché decir a un conocido político uruguayo que “para ser libres, hay que viajar ligeros de equipaje” ; no se si esa reflexión es de su autoría o no, y aunque con ella intentaba justificar un aumento de precios al consumo, ilustra bastante bien mi punto. Se puede pasar o perder una vida entera dedicándose a acumular riquezas, o mejor dicho, trabajando y esforzándose por ellas, y morir sin haber hecho una sola cosa de provecho. Qué es “algo de provecho” por supuesto que es muy relativo, pero un buen termómetro es que ese “algo” nos satisfaga en cierta medida, más allá de lo superficial. Hoy en día contamos con una ventaja enorme con respecto a nuestros antepasados. Contamos con la tecnología y los recursos necesarios para no tener que dedicarnos a otra cosa que la “contemplación”, a hacer las cosas que realmente queremos y que nos hacen bien. Contamos con los recursos para que ni una sola persona más pase hambre en el mundo, para que ni un solo niño más muera enfermo por falta de atención, para que ni una persona más sea esclavizada en beneficio de unos pocos. Si las personas correctas dijeran hoy “no estoy dispuesto a ver a una sola persona más morir de hambre en el mundo”, mañana podría estar solucionado el problema, pero ese problema no se va a solucionar mientras sigamos siendo títeres de un sistema monetario que destruye a muchos para enriquecer a unos pocos. Hacia el año 1892, Kropotkin ya planteaba esta posibilidad en las primeras líneas de “La conquista del pan” :
"La humanidad ha caminado gran trecho desde aquellas remotas edades durante las cuales el hombre vivía de los azares de la caza y no dejaba a sus hijos más herencia que un refugio bajo las penas, pobres instrumentos de sílex y la naturaleza, contra la que tenían que luchar para seguir su mezquina existencia.
Sin embargo, en ese confuso período de miles y miles de años, el género humano acumuló inauditos tesoros. Roturó el suelo, desecó los pantanos, hizo trochas en los bosques, abrió caminos; edificó, inventó, observó, pensó; creó instrumentos complicados, arrancó sus secretos a la naturaleza, domó el vapor, tanto que, al nacer, el hijo del hombre civilizado encuentra hoy a su servicio un capital inmenso, acumulado por sus predecesores. Y ese capital le permite obtener riquezas que superan a los ensueños de los orientales en sus cuentos de Las mil y una noches.
Aún son más pasmosos los prodigios realizados en la industria. Con esos seres inteligentes que se llaman máquinas modernas, cien hombres fabrican con qué vestir a diez mil hombres durante dos años. En las minas de carbón bien organizadas, cien hombres extraen cada año combustible para que se calienten diez mil familias en un clima riguroso. Y si en la industria, en la agricultura y en el conjunto de nuestra organización social sólo aprovecha a un pequeñísimo número la labor de nuestros antepasados, no es menos cierto que la humanidad entera podría gozar una existencia de riqueza y de lujo sin más que con los siervos de hierro y de acero que posee. Somos ricos, muchísimo más de lo que creemos. Ricos por lo que poseemos ya; aún más ricos por lo que podemos conseguir con los instrumentos actuales; infinitamente más ricos por lo que pudiéramos obtener de nuestro suelo, de nuestra ciencia y de nuestra habilidad técnica, si se aplicasen a procurar el bienestar de todos.
Somos ricos en las sociedades civilizadas. ¿Por qué hay, pues, esa miseria en torno nuestro? ¿Por qué ese trabajo penoso y embrutecedor de las masas, ¿Por qué esa inseguridad del mañana (hasta para el trabajador mejor retribuido) en medio de las riquezas heredadas del ayer y a pesar de los poderosos medios de producción que darían a todos el bienestar a cambio de algunas horas de trabajo cotidiano?"
Si estas cuestiones podían plantearse hace más de cien años, cuánto más posible es hoy. ¿En qué mejoramos desde el momento en que se escribieron esas palabras? Sin duda las posibilidades técnicas son aún mejores hoy en día, pero de todas formas seguimos presos de una maquinaria despiadada que nos usa para luego simplemente descartarnos, y hay que admitir que el "bienestar de todos" está cada día más lejos porque, desgraciadamente, el bienestar de todos no es lucrativo. Todos tenemos derechos siempre y cuando podamos pagarlos. Hoy existen en el mundo más esclavos que en las épocas en las que estaba bien visto tener personas atadas con grilletes trabajando los campos de algodón. Hoy en día mueren decenas de miles de personas de hambre al día, cuando un país de primer mundo como EEUU, con el 5% de la población del planeta, consume más del 30 % de los recursos del mismo, generando por supuesto, más del 30 % de los desperdicios gracias a que, del otro lado del mundo, existen esclavos de 12 años fabricando sus championes que no necesitan, sus pantalones de marca que no necesitan y su tecnología barata que será obsoleta en un par de meses y por supuesto tampoco necesitan, pero que estarán dispuestos a pagar porque para eso trabajan, para eso hipotecaron su alma a cambio de las comodidades y la seguridad que la sociedad moderna les ofrece, sociedad que no dudará en darles una patada el día que ya no puedan seguir consumiendo. Las comodidades de la vida moderna no son más que un camuflaje de su verdadero propósito; y ese proposito es mantener activa una maquinaria productiva que enriquece a algunos pocos. No necesitamos todas esas cosas; no necesitamos más mentiras, no necesitamos un programa de televisión que nos entretenga, o que nos diga qué debemos pensar, o como debemos sentirnos, o que nos muestre la discusión entre dos políticos, como una noticia que debería importarnos. Henry Thoreau decía hace más de 150 años, “Si tengo que ser un camino, prefiero serlo por torrentes, por arroyos del Parnaso que por alcantarillas de ciudad. Existe la inspiración, ese chismorreo que llega al oído de la mente atenta desde los patios celestiales. Existe otra revelación profana y caduca, la de las tabernas y la comisaría de policía. El mismo oído es capaz de captar ambas comunicaciones. El criterio del que escucha es el que debe determinar cuál oír y cuál no”.
Thoreau decía también algo parecido a esto: La diferencia entre nosotros y nuestro interlocutor, es que él leyó el diario o vio las noticias antes que nosotros. Quiere decir que ya nadie habla de lo que realmente importa. Nuestras conversaciones tienen que ver con lo que pasó, con el clima, y particularmente me asombra cuánto tienen que ver con el pasado. No hay lugar para lo esencial, para lo que realmente sentimos, no se habla del futuro porque prácticamente nadie cree en él. Nuestras conversaciones no son más que simples intercambios de noticias que nada tienen que ver con nosotros y con nuestras realidades. Noticias que muchas veces no tienen nada de verdad, que buscan simplemente mantener nuestras mentes cautiva alejándolas de lo importante. Afortunadamente la verdad es como un tronco en el agua y tiende a flotar siempre a la superficie, sin importar cuánto traten de hundirlo.
“Cuando preferimos la cultura a las patatas y el entendimiento a las ciruelas, entonces los grandes recursos del mundo se extraen y el resultado o la producción básica no son esclavos ni obreros sino hombres: esos escasos frutos que llamamos héroes, santos, poetas, filósofos y redentores.
En resumen, al igual que se forman los ventisqueros cuando cesa el viento, así mismo cuando cesa la verdad surge una institución. Pero la verdad sigue soplando por las alturas y al final acaba por destruirla.”(Henry D. Thoreau, Una vida sin principios)
No deberíamos esperar soluciones o respuestas de otras personas. No vamos a obtenerlas ni de lo políticos, ni de los empresarios, ni de la religión. Las soluciones y las respuestas están en todos nosotros, no importa cuál sea el problema o cuál sea la pregunta. No hay necesidad de preguntarle a nadie qué debemos hacer. Sólo hay que dar el primer paso y un buen primer paso es creer que no somos esclavos de nadie, apagar el televisor, abrir la mente y el corazón, no tomar por cierto nada que no podamos comprobar por nosotros mismos y ser conscientes de que somos dueños de nuestras vidas y que nuestra existencia vale tanto como la de todo lo que nos rodea. Y si en algún momento nos vemos perdidos y necesitamos alguien a quien escuchar, escuchemos a aquellos que lograron recuperar parte de la libertad con la que nacieron, escuchemos a los niños, escuchemos a la naturaleza y aprendamos de ella…
martes, diciembre 02, 2008
Ok perdón, fue sin querer...
"El mayor arrepentimiento de toda mi presidencia tiene que ser el error de Inteligencia en Irak. Mucha gente se jugó su reputación al decir que las armas de destrucción masiva eran una razón para derrocar a Sadam Hussein", afirmó G.W. Bush en una entrevista a la cadena ABC.
Ahora yo me pregunto… ¿Le hicieron una lobotomía al planeta entero, le sacaron medio cerebro y yo no me enteré por eso falté a la intervención? ¿No hay leyes contra este tipo de cosas? ¿No hay cortes internacionales que digan que no se puede invadir un país con una mentira como excusa y luego decir “ups….me equivoqué...jeje”?
Digo, porque a mi me da un poco de miedo que mañana caiga alguien a invadirnos, simplemente porque tenemos algún recurso natural valioso.
Nadie pide explicaciones por este tipo de cosas? Por ejemplo, los familiares de los 4000 militares norteamericanos que murieron. Si esos militares tenían un padre, una madre y un hermano (promedio), serían unas 12000 personas. Creo que es una cantidad más que suficiente como para demoler con sus propias manos la casa blanca antes de que el ejército llegue a masacrarlos en su propio país…. Y por qué no lo hacen?? Quizá simplemente porque todos los pueblos tienen el gobierno que merecen, pero el problema es que el gobierno norteamericano se ha proclamado gobierno del planeta entero, y lo más triste es que no fue una autoproclama, sino que el resto del mundo se lo ha permitido. Pero George está arrepentido y sabe que fue un error invadir Irak. Eso lo exime de toda culpa. Ahora ya está… dos Padre Nuestros, tres Ave Marías y el día en que muera va a ir a cielo a abrazarse con todos los niños y demás personas inocentes que por error y sin querer mató en Irak y en otros lados. Porque él tiene principios y que se sepa que no abandonó la invasión luego de que se supo que tales armas de destrucción masiva nunca existieron, para proteger a los inocentes… “fue una decisión difícil, especialmente porque mucha gente me recomendaba salir de Irak o retirarnos… …Si pones en peligro a niños, vas [a la guerra] para ganarla. La retirada hubiera comprometido mis principios”. Sin duda, un tipo de principios. La pregunta es cuáles son esos principios y a quiénes responden. De todas formas, las víctimas son gente pobre y tercer mundista…nada grave… perdidas razonables… todo sea por la causa… Las más graves seguro son las primeras 20 – 30 personas que matás. Luego se vuelve como inabarcable. O sea que si alguien mata por ejemplo a 2 estadios centenarios (medida abarcable uruguaya por excelencia) de gente, uno se lo puede imaginar. Ok, es mucha gente pero lo imaginás… es como toda la gente que asiste al fútbol uruguayo junta. Matás dos pájaros de un tiro. Pero ya cuando hablamos de miles y decenas de miles, imagino que la culpa y el remordimiento se diluyen. Es como que matar a uno te convierte en un asesino y matar miles en un libertario, en un protector de las buenas costumbres y valores (que siempre son los del mundo occidental por supuesto). Porque eso es lo que defienden… no invaden y matan gente porque quieren, lo hacen para que podamos seguir viviendo libres, con nuestras creencias y costumbre y en nombre de todo el mundo occidental. En realidad lo hacen nada más que por guita que ni siquiera se llevan ellos, pero igual… la excusa es la libertad. Pues que sepan que yo no quiero que maten a nadie en mi nombre…. Si quisiera hacerlo lo haría yo mismo, y tampoco necesito que un monigote corporativo me diga qué es bueno o malo para mi. Hay veces que me sorprendo a mi mismo pensando que debemos cambiar, que debemos hacer algo para revertir la situación en la que el planeta se encuentra hoy día, y de esta forma asegurar el futuro de la raza humana, pero luego lo pienso un poco mejor y me pregunto ¿para qué?
A me olvidaba de la perlita que nos dejó George en esta declaración. Vuelvan arriba del todo.. al principio. Las primeras 4 líneas…
¿Lo tienen??…jajaja es buenísimo.
“Mucha gente se jugó su reputación al decir que las armas de destrucción masiva eran una razón para derrocar a Sadam Hussein"… y me lo imagino diciéndolo convencido y con gesto de “mirá que importante esto que te estoy diciendo”
Alguien que le avise que mucha otra gente se jugó más que una reputación… se jugaron vidas, futuros, soberanía, miembros mutilados, padres, hermanos, hijos, tierra… sin duda uno de los jugadores apostó mucho menos y ganó mucho más…
"Los Estados poderosos sólo pueden sostenerse por el crimen. Los Estados pequeños sólo son virtuosos porque son débiles."
Mijaíl Bakunin
Ahora yo me pregunto… ¿Le hicieron una lobotomía al planeta entero, le sacaron medio cerebro y yo no me enteré por eso falté a la intervención? ¿No hay leyes contra este tipo de cosas? ¿No hay cortes internacionales que digan que no se puede invadir un país con una mentira como excusa y luego decir “ups….me equivoqué...jeje”?
Digo, porque a mi me da un poco de miedo que mañana caiga alguien a invadirnos, simplemente porque tenemos algún recurso natural valioso.
Nadie pide explicaciones por este tipo de cosas? Por ejemplo, los familiares de los 4000 militares norteamericanos que murieron. Si esos militares tenían un padre, una madre y un hermano (promedio), serían unas 12000 personas. Creo que es una cantidad más que suficiente como para demoler con sus propias manos la casa blanca antes de que el ejército llegue a masacrarlos en su propio país…. Y por qué no lo hacen?? Quizá simplemente porque todos los pueblos tienen el gobierno que merecen, pero el problema es que el gobierno norteamericano se ha proclamado gobierno del planeta entero, y lo más triste es que no fue una autoproclama, sino que el resto del mundo se lo ha permitido. Pero George está arrepentido y sabe que fue un error invadir Irak. Eso lo exime de toda culpa. Ahora ya está… dos Padre Nuestros, tres Ave Marías y el día en que muera va a ir a cielo a abrazarse con todos los niños y demás personas inocentes que por error y sin querer mató en Irak y en otros lados. Porque él tiene principios y que se sepa que no abandonó la invasión luego de que se supo que tales armas de destrucción masiva nunca existieron, para proteger a los inocentes… “fue una decisión difícil, especialmente porque mucha gente me recomendaba salir de Irak o retirarnos… …Si pones en peligro a niños, vas [a la guerra] para ganarla. La retirada hubiera comprometido mis principios”. Sin duda, un tipo de principios. La pregunta es cuáles son esos principios y a quiénes responden. De todas formas, las víctimas son gente pobre y tercer mundista…nada grave… perdidas razonables… todo sea por la causa… Las más graves seguro son las primeras 20 – 30 personas que matás. Luego se vuelve como inabarcable. O sea que si alguien mata por ejemplo a 2 estadios centenarios (medida abarcable uruguaya por excelencia) de gente, uno se lo puede imaginar. Ok, es mucha gente pero lo imaginás… es como toda la gente que asiste al fútbol uruguayo junta. Matás dos pájaros de un tiro. Pero ya cuando hablamos de miles y decenas de miles, imagino que la culpa y el remordimiento se diluyen. Es como que matar a uno te convierte en un asesino y matar miles en un libertario, en un protector de las buenas costumbres y valores (que siempre son los del mundo occidental por supuesto). Porque eso es lo que defienden… no invaden y matan gente porque quieren, lo hacen para que podamos seguir viviendo libres, con nuestras creencias y costumbre y en nombre de todo el mundo occidental. En realidad lo hacen nada más que por guita que ni siquiera se llevan ellos, pero igual… la excusa es la libertad. Pues que sepan que yo no quiero que maten a nadie en mi nombre…. Si quisiera hacerlo lo haría yo mismo, y tampoco necesito que un monigote corporativo me diga qué es bueno o malo para mi. Hay veces que me sorprendo a mi mismo pensando que debemos cambiar, que debemos hacer algo para revertir la situación en la que el planeta se encuentra hoy día, y de esta forma asegurar el futuro de la raza humana, pero luego lo pienso un poco mejor y me pregunto ¿para qué?
A me olvidaba de la perlita que nos dejó George en esta declaración. Vuelvan arriba del todo.. al principio. Las primeras 4 líneas…
¿Lo tienen??…jajaja es buenísimo.
“Mucha gente se jugó su reputación al decir que las armas de destrucción masiva eran una razón para derrocar a Sadam Hussein"… y me lo imagino diciéndolo convencido y con gesto de “mirá que importante esto que te estoy diciendo”
Alguien que le avise que mucha otra gente se jugó más que una reputación… se jugaron vidas, futuros, soberanía, miembros mutilados, padres, hermanos, hijos, tierra… sin duda uno de los jugadores apostó mucho menos y ganó mucho más…
"Los Estados poderosos sólo pueden sostenerse por el crimen. Los Estados pequeños sólo son virtuosos porque son débiles."
Mijaíl Bakunin
lunes, octubre 13, 2008
...
Pledge to go fur-free at PETA.org.
Normalmente pensaría que despellejar viva a una persona, a un ser humano igual que yo, y luego dejarlo tirado en una zanja para que muera después de horas de agonía, estaría mal... aunque después de ver esto creo no pienso de la misma forma... en todo caso empezaría quitandole la piel poco a poco a quienes promueven (comprando sus productos) lo que hace esta gente...
¿Que eso nos hace igual a ellos? la verdad es que no me importa...
jueves, agosto 21, 2008
...
Anoche me despertó un sueño irregular… Cerca de las dos de la mañana una voz aguda, sin rostro. Al principio, en el dormitorio oscuro no podía ver lo que era.
Le dije: “Lo siento. Tendrá que hablar un poco más alto”.
La voz me dijo: “Quiero que digas la verdad. No es fácil de hacer, porque la gente no quiere saber la verdad”.
Le dije: “¿Estás bromeando? ¿Qué se yo sobre la verdad?”
Pero la voz me dijo: “No te preocupes por la verdad. Yo te pondré las palabras en la boca”.
Pregunté: “¿Es la zarza ardiente? No soy Moisés”.
La voz dijo: “No soy Dios. ¿Qué tiene que ver con eso? No estamos hablando de verdades eternas y absolutas. Estamos hablando de la verdad pasajera, transitoria, humana. No espero que la gente sea capaz de la verdad pero por lo menos tiene el instinto de conservación”.
Le dije: “¿Por qué yo?”
La voz dijo: “Porque estás en la televisión , tarado… No te pido que camines por la tierra en arpillera predicando el Apocalipsis. Estás en la televisión”.
Pensé en eso por un momento.
Luego le dije: “Está bien”…
…No tengo que decirles que las cosas van mal. Todos lo saben. Es una depresión. Todos están sin trabajo o con miedo a perderlo. Un dólar no vale más que cinco centavos. Los bancos se van a la quiebra. Los tenderos guardan pistolas bajo el mostrador. Los inadaptados andan libres. Por ningún lado la gente parece saber qué hacer y no se ve el final. Sabemos que el aire es inadecuado para respirar y también lo es nuestra comida. Nos sentamos a ver la televisión mientras el anunciador nos dice que hoy hubo 15 homicidios y 63 crímenes violentos ¡como si así debiera ser! Sabemos que las cosas andan mal. Peor que mal. Una locura. Todo por todas partes es una locura, por eso ya no salimos. Nos sentamos en casa. Poco a poco el mundo en que vivimos se empequeñece. Todo lo que decimos es : “Por favor. Al menos déjennos en paz en nuestra casa. Quiero tener mi tostador, mi televisor, mis neumáticos con banda de acero. No diré nada. Sólo déjennos en paz”.
No los voy a dejar en paz. ¡Quiero que se enojen! No quiero protestas ni disturbios. No le escriban a su congresista. No sé qué decirles que le escriban. No sé qué hacer sobre la depresión, la inflación, los rusos, el crimen en las calles. ¡Todo lo que sé es que primero tienen que enojarse. Tienen que decir: “¡Soy un se humano, maldita sea. Mi vida tiene valor!”
Entonces quiero que ahora se levanten. Quiero que todos se levanten de sus sillas. Quiero que se levanten ahora y vayan a la ventana, la abran, saquen su cabeza y griten: “¡Estoy muy furioso, y ya no aguantaré más!”
Quiero que se levanten ahora. ¡Levántense! Vayan a las ventanas. Ábranlas, saquen su cabeza y griten: “¡Estoy muy furioso, y ya no aguantaré más!” Después pensaremos qué hacer sobre la depresión y la crisis del petróleo. Primero levántense de sus sillas, abran la ventana, saquen su cabeza y griten: “¡Estoy muy furioso, y no lo aguantaré más!”…
Algunos parlamentos de Howard Beale en Network (1976). Dirigida por Sidney Lumet.
Nada nuevo, es verdad. La alienación de una sociedad inmersa en una carrera consumista e idiotizada por los medios, esperando que los estados cumplan con su promesa de satisfacer sus necesidades básicas, viendo como sus mundos se reducen cada vez más a su espacio íntimo, en el que en teoría son dueños y señores si no fuera porque hasta en ese espacio íntimo, sus vidas están gobernadas por unos pocos que les dicen qué ver, qué comer, qué vestir y hasta qué preferencia sexual deberían tener. Nada nuevo, es verdad. Lo interesante es la mirada que se tenía hace más de 30 años de los problemas que hoy consideramos consecuencia de la locura y la velocidad de los tiempos que corren y de las nuevas tecnologías de entretenimiento (control). Quizá estas nuevas tecnologías, internet o lo que venga, sean las que en realidad están destinadas a salvarnos cumpliendo con la vieja promesa de un libre flujo de información y conocimiento, o terminen por perdernos según en manos de quiénes caiga su control. Vean la película y luego hablamos.
Le dije: “Lo siento. Tendrá que hablar un poco más alto”.
La voz me dijo: “Quiero que digas la verdad. No es fácil de hacer, porque la gente no quiere saber la verdad”.
Le dije: “¿Estás bromeando? ¿Qué se yo sobre la verdad?”
Pero la voz me dijo: “No te preocupes por la verdad. Yo te pondré las palabras en la boca”.
Pregunté: “¿Es la zarza ardiente? No soy Moisés”.
La voz dijo: “No soy Dios. ¿Qué tiene que ver con eso? No estamos hablando de verdades eternas y absolutas. Estamos hablando de la verdad pasajera, transitoria, humana. No espero que la gente sea capaz de la verdad pero por lo menos tiene el instinto de conservación”.
Le dije: “¿Por qué yo?”
La voz dijo: “Porque estás en la televisión , tarado… No te pido que camines por la tierra en arpillera predicando el Apocalipsis. Estás en la televisión”.
Pensé en eso por un momento.
Luego le dije: “Está bien”…
…No tengo que decirles que las cosas van mal. Todos lo saben. Es una depresión. Todos están sin trabajo o con miedo a perderlo. Un dólar no vale más que cinco centavos. Los bancos se van a la quiebra. Los tenderos guardan pistolas bajo el mostrador. Los inadaptados andan libres. Por ningún lado la gente parece saber qué hacer y no se ve el final. Sabemos que el aire es inadecuado para respirar y también lo es nuestra comida. Nos sentamos a ver la televisión mientras el anunciador nos dice que hoy hubo 15 homicidios y 63 crímenes violentos ¡como si así debiera ser! Sabemos que las cosas andan mal. Peor que mal. Una locura. Todo por todas partes es una locura, por eso ya no salimos. Nos sentamos en casa. Poco a poco el mundo en que vivimos se empequeñece. Todo lo que decimos es : “Por favor. Al menos déjennos en paz en nuestra casa. Quiero tener mi tostador, mi televisor, mis neumáticos con banda de acero. No diré nada. Sólo déjennos en paz”.
No los voy a dejar en paz. ¡Quiero que se enojen! No quiero protestas ni disturbios. No le escriban a su congresista. No sé qué decirles que le escriban. No sé qué hacer sobre la depresión, la inflación, los rusos, el crimen en las calles. ¡Todo lo que sé es que primero tienen que enojarse. Tienen que decir: “¡Soy un se humano, maldita sea. Mi vida tiene valor!”
Entonces quiero que ahora se levanten. Quiero que todos se levanten de sus sillas. Quiero que se levanten ahora y vayan a la ventana, la abran, saquen su cabeza y griten: “¡Estoy muy furioso, y ya no aguantaré más!”
Quiero que se levanten ahora. ¡Levántense! Vayan a las ventanas. Ábranlas, saquen su cabeza y griten: “¡Estoy muy furioso, y ya no aguantaré más!” Después pensaremos qué hacer sobre la depresión y la crisis del petróleo. Primero levántense de sus sillas, abran la ventana, saquen su cabeza y griten: “¡Estoy muy furioso, y no lo aguantaré más!”…
Algunos parlamentos de Howard Beale en Network (1976). Dirigida por Sidney Lumet.
Nada nuevo, es verdad. La alienación de una sociedad inmersa en una carrera consumista e idiotizada por los medios, esperando que los estados cumplan con su promesa de satisfacer sus necesidades básicas, viendo como sus mundos se reducen cada vez más a su espacio íntimo, en el que en teoría son dueños y señores si no fuera porque hasta en ese espacio íntimo, sus vidas están gobernadas por unos pocos que les dicen qué ver, qué comer, qué vestir y hasta qué preferencia sexual deberían tener. Nada nuevo, es verdad. Lo interesante es la mirada que se tenía hace más de 30 años de los problemas que hoy consideramos consecuencia de la locura y la velocidad de los tiempos que corren y de las nuevas tecnologías de entretenimiento (control). Quizá estas nuevas tecnologías, internet o lo que venga, sean las que en realidad están destinadas a salvarnos cumpliendo con la vieja promesa de un libre flujo de información y conocimiento, o terminen por perdernos según en manos de quiénes caiga su control. Vean la película y luego hablamos.
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