jueves, febrero 05, 2009

Detengan ese asesinato

“Detengan ese asesinato” proclamó el ministro de salud del Vaticano hace unos días, en relación a la interrupción de la alimentación artificial a una mujer italiana que lleva más de 17 años en estado vegetativo. Al parecer para la iglesia, dejar de alimentar artificialmente a un ser humano que lleva prácticamente muerto 17 años es un asesinato brutal, porque “la Iglesia defiende la vida y su posición no cambia por un veredicto judicial”, sin embargo hay miles de vidas que se pierden por día sin razón, vidas que hay posibilidad de salvar pero la “iglesia” no hace nada para evitarlo, sencillamente porque no son casos que reciban cobertura mediática y nadie podría decir: “qué bien lo que hizo la iglesia”, más allá de que eso cuesta dinero y esfuerzo, dos cosas que nadie está dispuesto a invertir si no es en beneficio propio. Es verdad que la forma de dejar morir a esta persona quizá no sea la más adecuada. Después de que su familia pidiera que la desconectaran, la justicia italiana decidió disminuir su alimentación progresivamente hasta su muerte. Resulta un poco cruel, teniendo en cuenta que podrían provocar su “muerte” en unos segundos y evitar semanas de proceso. Es justamente el probable sufrimiento al que se vea sometida a Eluana durante las semanas que durará este proceso (si es que puede sentirlo) en el que se basa la discusión científica y ética acerca del caso. O sea, que se discute si está bien dejar morir a una “persona” con muerte cerebral de hambre, pero nadie discute si está bien dejar morir miles de personas por día por esta misma causa. Pero como decía, esas otras miles de personas no se ven en directo por TV y a pocos les interesa su muerte. El razonamiento de la iglesia es similar al que hacen acerca del aborto. Es un ser humano, está vivo, aunque (como en este caso) siga vivo gracias a estar conectado a un montón de cables y sondas y no tenga posibilidad de recuperación. Ahora, intentando razonar como esta gente, se me ocurre que Eluana debió morir en el momento en que quedó en el estado en que se encuentra hoy en día, hace 17 años. Esa era la voluntad “divina”, de otra forma no estaría en ese estado, pero sigue viva gracias a la intervención del hombre, que según esta lógica, es contraria a la voluntad “divina”. La conclusión es que la ley “divina” es tan incongruente como la ley de los hombre y recibe diferentes interpretaciones según la conveniencia de los interesados, en este caso, de la iglesia. La lógica del “si te portás mal te vas al infierno” funciona al punto de que el propio Berlusconi está evaluando impedir el acto médico mediante un decreto y hasta se está discutiendo en el parlamento italiano esta cuestión, que en realidad no tiene nada que ver con Eluana sino con hacerle o no caso a la iglesia en un país como Italia, en el que la iglesia católica como corporación tiene el poder de poner y quitar presidentes. Bien harían los parlamentos y los políticos en discutir cuestiones como la igualdad social o cómo lograr que sus pueblos accedan a las necesidades básicas y tengan los derechos que proclaman sus constituciones pero que ningún estado en el mundo garantiza. “Si te portás mal vas al infierno” y bajo esa misma lógica, quien hubiera matado a un Hitler, a un Stalin, a un Bush, antes de que estos mataran a millones de personas, hubiera ido al infierno y ardería por toda la eternidad. Habría salvado a millones, con lo cual la iglesia estaría de acuerdo porque “defiende la vida”, pero habría matado a uno. Muchos podrían decir que no les importaría arder eternamente en pos de un bien común (posición que la iglesia jamás adoptaría porque sólo piensa en el beneficio propio). Para esos casos se inventó el libre albedrío, que (al menos en la versión teológica) no es más que una gran falacia. Se supone que tenemos la posibilidad de elegir, de tomar nuestras propias decisiones, sean correctas o incorrectas pero, cuidado con lo que eliges, porque una decisión errónea te puede llevar a nadar en ríos de fuego hasta el fin de los días, todo esto sin contemplar un razonamiento Determinista, puesto que todo lo que hagamos hoy es consecuencia de cuestiones anteriores, en este caso una vida de lavado cerebral por parte de las instituciones que dicen qué se debe hacer y qué no. 
Quisiera dejar mi posición clara acerca de este tema. Creo que matar a alguien siempre está mal, aunque haya personas que lo merezcan, de la misma forma que está mal matar a un animal sólo para sacarle la piel, o de la misma forma que está mal dejar morir miles de personas de hambre por día porque no son útiles al sistema o porque no consumen, porque eso también es matar desde el momento en que se puede impedir su muerte. La eutanasia no es asesinato, sino misericordia y quisiera tener la posibilidad de optar por ella de ser necesario.