“Las tradicionales fiestas”. Esa es la forma en la que nuestro amigo y hermano Jorge Traverso se refería hace unos días en el informativo a “las tradicionales fiestas”. Claro; puesto así la conclusión es evidente. En realidad todo el mundo se refiere a “las tradicionales fiestas” como “las tradicionales fiestas” y es justamente ahí donde, aunque no nos demos cuenta a simple vista, radica el caracter decadente de “las tradicionales fiestas”. El problema se encuentra en el término “tradicionales”, que por lo general está relacionado con “pérdida del espíritu original”. No es que sea un apologista de la religión, nada más lejos de eso, simplemente me gusta que las cosas conserven ese espíritu original con el que fueron concebidas. Probablemente hoy en día ya podamos encontrar gente que al ser interrogada sobre lo que se festeja el 25 de diciembre responda que se trata del nacimiento de Papá Noel (que llega a nosotros con el patrocinio de coca cola, etc, etc). Y aunque no fuera así, de todas formas me resulta bastante cuestionable el acto de festejar el nacimiento de una persona que aparentemente existió, aparentemente hizo mucho por todos nosotros y aparentemente va a salvar nuestra alma eterna solamente si creemos que realmente existió, que hizo mucho por nosotros y que va a salvar nuestra alma eterna, más alla de lo buenas personas que seamos (¿qué es ser buena persona? eso es un capítulo aparte).
Todo esto sin mencionar, porque las “tradicionales fiestas” son dos, el arbitrario capricho (es lo que tienen los caprichos) de dividir nuestra existencia en “años”, alimentando así la fantasía de que cada año que comienza por un lado va a cambiar como por arte de magia nuestra suerte, y por otro lado nos acerca más hacia la obsolescencia y hacia la casa de salud en la que nuestros hijos, si tenemos suerte de tenerlos, nos van a internar porque lo mismo hicimos con nuestros padres creyendo que ya no servían ni para avisar quien viene, mientras todos juntos venerábamos ese aviso del gallito luis qué decía, dice y dirá “se busca para inmediata incorporación, egresado o estudiante avanzado de… , menor de 27 años…”. Cagué; ya estoy más cerca de los 28 que de los 27, un año más cerca de la casa de salud o de quedar obsoleto y si les interesa saberlo, sí me pesa.
Pero bueno; ya sea “en algo hay que creer” o “cualquier motivo es bueno para festejar”, dependiendo en qué punto de la recta que en un extremo tiene “creo en todo” y en el otro “no creo en nada” nos encontremos, las fiestas tradicionales seguirán siendo “fiestas tradicionales” por mucho que nos pese y la familia que en una época deliró con la fantasía de la familia unida seguirá reuniendosé en torno al lechón grasoso y seguirá fingiendo que está todo bien, aunque hace tiempo no lo esté. Luego de un tiempo, la evolución lógica: noche buena con papá, navidad con mamá, aquella mesa que el abuelo predecía habría que agrandar ahora se debe achicar, noche vieja en casa de la novia, el novio o quizá los suegros, y talvés, pero sólo talvés, en año nuevo el más reciente integrente de “la familia” que aun no tiene ni edad ni tamaño para conseguir nada, pero que con una simple mirada puede conseguir lo que quiera, logre reunir a más miembros de “la familia” de lo que charlas interminables y el mejor de los espíritus unificadores lograran reunir alguna vez y por un segundo, tan sólo por el instante que dura esa mirada, parezca que una vez más todo está bien y comience así nuevamente el ciclo que durará un tiempo hasta que todo se vuelva a desvirtuar.
Todo cumple un ciclo, incluso los estados de ánimo y seguro mañana voy a pensar diferente, para luego volver a pensar igual.
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