jueves, junio 01, 2006

Cronica de viaje 2

Día gis y lluvioso en Puerto Banus. Seguramente uno de esos días que se prestan para la reflexión, aunque no pretendo hacer ninguna. No seré uno más de los que se lamentan por todo lo que dejaron pero que antes de dejarlo soñadan con poder hacerlo, sobretodo porque en cualquier momento puedo volver y porque nunca soñé con dejar nada. Van a hacer dos meses que estoy por estos lugares y me he dado cuenta de que no extraño. Sólo podría decir que extraño un puñado de personas a las que quiero mucho y espero que sepan quienes son sino muchas cosas, incluso extrañarlas, dejarían de tener sentido. Por lo demás, el término más adecuado es nostalgia. Nostalgia por la rutina, por hacer cosas que estaba acostumbrado a hacer, por ver lugares que estaba acostumbrado a ver. Cuestión de costumbre simplemente. No es que aquí sea muy diferente. Aquí también ya estoy enfrascado en una rutina y por momentos me sorprendo a mi mismo preguntandome qué estoy haciendo a miles de kilómetros de casa trabajando en el mantenimiento de un boliche. La diferencia es que en este caso la rutina es a término; no es una rutina por tiempo indefinido; se que voy a estar haciendo esto por tres o cuatro meses y despúes podré dedicarme a disfrutar, recorrer, conocer. El fin justifica los medios, al menos en este caso. Quiero tomarlo con calma. En este momento lo que decidí fue hacer esto. Es verdad que en Uruguay hacía lo que me gustaba y aquí no, y que si vuelvo tendré que empezar a buscar otra vez, pero bueno. No pienso en eso. Después de todo estoy mejor de lo que muchísima gente en el mundo va a estar alguna vez en su vida. Sin duda mejor que los 9000 africanos que han llegado en pateras desde enero a las costas españolas. 9000 personas que llegan en condiciones de salud increiblemente malas si es que llegan, pero que prefieren hacerse a la mar y dejar todo lo que tienen aunque ese todo sea casi nada, antes de seguir viviendo en las condiciones que viven. 9000 personas en tres meses que ya son más de las que llegaron en todo el año pasado y que como no puede ser de otra forma son deportadas ni bien arriban a puertos españoles. También mejor que los miles de damnificados de un terremoto que hace unos días arrasó la isla de Java y que desde mucho tiempo antes del terremoto ya no tenían nada. No hace falta tener mucha conciencia social para darse cuenta que no hay de que quejarse. Tengo trabajo, como bien, hago un poco de playa y he conocido mucha gente con una onda increible, curiosamente casi todos sudamericanos, sudacas o tercermundistas, como quieran llamarlos, pero que en cuanto a calidad humana no tienen nada que envidiar a los europeos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

(cronica a la carte) ahora quiero un cuentito nocturno, con todo lo que debe tener, no sea mezquino, eh?
estamos leyéndolo, así que actualice.
beso, querido.

www.somosalma.com dijo...

Si dale cuentito de la noche, historias rara, dale que de eso debes tener.
mua!
te extraño!